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martes, 4 de mayo de 2010

Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco


La favorable configuración geográfica de las comarcas meridionales de Cataluña y su clima muy benigno favorecieron que el proceso de poblamiento humano se iniciara muy pronto, ya en época prehistórica. Son relativamente numerosos los yacimientos que documentan las diferentes etapas del Paleolítico y del Epipaleolítico. Durante el Neolítico y la Edad de Bronze, las respectivas comunidades humanas (con las actividades económicas características de este período: agricultura y ganaderia) encontraron en el territorio que actualmente configuran las comarcas del Campo de Tarragona un escenario idóneo.
Este proceso de asentamiento finalizó con la consolidación, sobre el territorio, de las diferentes tribus que conformaron el mosaico sociopolítico de las tierras levantinas de la Península Ibérica en época prerromana, como consecuencia directa del contacto de aquellos grupos autóctonos con los diversos pueblos colonizadores del Mediterráneo (fenicios, griegos y púnicos). El territorio del Campo de Tarragona era ocupado por la tribu ibérica de los cesetanos.Uno de sus asentamientos más importantes, Kese, fue probablemente su capital y, en todo caso, el precedente inmediato de la ciudad romana de Tárraco, la actual Tarragona.
En el año 218 aC, con motivo de la II Guerra Púnica entre romanos y cartagineses, el ejército romano a las órdenes a Cneo Cornelio Escipión desembarcó en Ampurias, colonia griega aliada de Roma. De manera simultánea se fundó Tárraco, como principal base de hivernada de los ejércitos romanos en Hispania, iniciándose un largo y complejo proceso de incorporación de los territorios peninsulares al nuevo orden político, cultural y económico de la romanidad, en el cual la ciudad jugó en todo momento un papel fundamental.
En la segunda mitad del s. I aC se le concedió el estatuto de colonia de derecho romano, tomando la denominación de Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco. En el año 27 aC consiguió ser la capital de la provincia Tarraconense, dentro de la nueva organización territorial propiciada por Augusto. Éste residió en Tárraco durante dos años, siguiendo las campañas militares que se realizaban en la cornisa cantábrica y dirigiendo desde aquí su planificada transformación del mundo.
Se inició entonces la aplicación de un programa dirigido a dotar a esta colonia de un nivel urbanístico y monumental acorde con la importancia y significación de la ciudad...
La vitalidad de Tárraco se mantuvo con plenitud hasta mediados del s. III dC. Como consecuencia de la crisis general y con las primeres oleadas de invasores germánicos, se inició un proceso de progresiva recesión tanto en el orden demográfico como en el urbanístico. Ello comportó la destrucción y el abandono de gran parte de la ciudad, con excepción de una parte alta convertida en el núcleo principal de residencia.
Durante esta época, la pérdida de la capitalidad de Tárraco, primero respecto a Tolosa, después respecto a Barcino (Barcelona) y finalmente respecto a Toletum (Toledo, s. VI) supondrá el alejamiento de la ciutat de los centros políticos decisivos de la época. Este alejamiento no reducirá su importancia urbana, fundamentada en su condición de sede eclesiástica metropolitana y en el mantenimiento de las instalaciones portuarias, hasta la llegada de los musulmanes a la ciudad hacia el año 713 o 714. Este hecho señala definitivamente la entrada de la ciudad en la llamada Edad Media.

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