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lunes, 2 de febrero de 2009

Palau de la Música Catalana


El Palau de la Música Catalana, proyectado por Lluís Domènech i Montané y construido entre 1905 y 1908, ha sido siempre la sede del Orfeó Català, dedicado a la canción catalana y los grandes maestros de la música. Es un espacio solemne, sede de una institución (Palau), donde se hace Música (identificada con la Naturaleza, presente en la decoración de flores), catalana (bandera), según la tradición cristiana (cruz de Sant Jordi) de Cataluña.

No es un lugar práctico, como una fábrica, o una escuela o un hospital, es un espacio para el ocio. Hay mucha fantasía: por fuera parece como un castillo, con ladrillo rojo y tan contundente que expresa fortaleza y virilidad, pero por dentro parece un jardín, sin noche, muy iluminado por la luz que atraviesa las vidrieras. Cuando el visitante entra es como si saliera afuera, hacia un exterior ideal, paradisíaco, lo que es una contradicción, la sala es clamorosa de imaginación: las esculturas, las guirnaldas de flores, el techo con la claraboya; también el interior quiere salir hacia fuera y así los pilares del auditorio llenan el balcón del primer piso, habiendo relación entre dentro y fuera. Pero también parece un espacio sagrado, lugar para el ocio tratado con un criterio casi sagrado.

El canto coral sirvió, desde mediados del XIX, por que los obreros tuvieran un ocio creativo y sacarlos de la taberna; Anselm Clavé fue el precursor del movimiento, que se hizo muy popular. El Orfeó Català lo fundaron, en 1891, Félix Millet y Amadeu Vives, dedicado a la canción popular catalana y, también a los grandes obras clásicas.

Es la época del afianzamiento de Cataluña en el Arte (Modernismo) y la Política (partidos catalanistas): la creación del Palau está dentro de este movimiento.
El Palau costó un millón de pesetas, que se recogieron con préstamos y donaciones.

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