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domingo, 17 de agosto de 2008

Verano ausente


Se termina lo más fuerte del verano tanto profesionalmente como meteorológicamente y ya empiezo a estar bastante cansado del trabajo. Es el problema de hacer tanto esfuerzo a la vez para compensar el invierno. Pero cada año me doy más cuenta de que no puedo aguantar tantas horas sin descanso…Me hago mayor...

Además ya no creo que sea necesario trabajar como un animal para que los demás se pasen el verano de vacaciones, como el resto de su vida. La verdad sí que he echado de menos a los niños, pero claro, seguro que cuando lleguen tendré que volverles a repetir la sagrada monserga de que me dejen descansar un poco de tanto ruido.

Este último mes de Rodríguez me ha servido para meditar bastante sobre muchas cosas que de verdad ya no me daba cuenta de que existían y que en realidad nunca echo de menos pues no me doy ni cuenta de que las tengo. Como dice Herman Hesse: “el que está apegado a las cosas, es porque está necesitado de amor”. Nunca he sido una persona apegada a las cosas. No es que les tenga apego, pues la verdad ni los recuerdos permanecen eternamente, simplemente afloran de vez en cuando según el flujo de nuestro sentimiento momentáneo.

Ahora estoy más seguro que nunca de que mi vida tira por unos derroteros distintos a los que en verdad estaba programada hace tiempo. Deseo hacer mi perfeccionamiento de inglés este año en Irlanda y quizás algún día pueda realizarlo en Nueva Zelanda, preparar el examen de Guía Oficial y dejar de hacer el trabajo a “destajo” que vengo haciendo desde hace años. Al fin y al cabo todos pueden seguir si yo no existo,… ¿verdad?

Resulta bien estar solo para darse uno cuenta de lo que necesita en realidad. Espero conseguir disfrutar de esta tranquilidad en otros meses que no sean siempre en agosto…

Lo más razonable para ambos es que si en una pareja, antes hubo una “famosa confusión veraniega” ahora nos esperemos un poco antes de tomar la determinación definitiva.

No tomaré una decisión despechada, para retribuirme con su presencia lo que me decepcionó antes. Tenerla ahora no me va a devolver los malos momentos que pasé. Fijaros si estoy seguro de que no va a volver a pasar...y de que de ahora en adelante, tenemos que lidiar ambos con los meses que cada uno tendremos por su lado, que cada cual haga su vida, y todo lo que eso implica.

Existe otra cosa en la pareja aún más inquietante: la seguridad afectiva nos vuelve, además de cómodos, un tanto cegatos. No hay reproches, no hay juicios, no hay recortes de libertad, no hay rígidas normas que cumplir para recibir el consuelo del retorno. Sólo hay dolor por la ausencia, dolor por el perjuicio causado a sí mismo, dolor por el dolor del otro. No me siento ofendido, ni acumulo correcciones, venganzas o castigos. El pecado ya trae su penitencia. Sufro con el que sufre y complico mi propia vida… Y espero, siempre espero, abiertos los brazos y horneados los besos. Y esperas ese día en que ya no habrá más besos ni más abrazos, pues yo ya no estaré esperando.


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