ROSESGUIDE

ROSESGUIDE
MI WEB

domingo, 26 de agosto de 2007

Luchar en contra de la ablación ¿no es prioritario?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 130 millones de mujeres han sido víctimas de mutilaciones sexuales y, anualmente, dos millones de niñas corren el riesgo de sufrir esas prácticas. La mutilación sexual femenina —conocida como excisión— acarrea, en 8% de los casos, la ablación del clítoris y, a menudo, la de los labios menores. La infibulación es una excisión completada con la ablación de los labios mayores, cuyos muñones se suturan de un extremo a otro. La excisión existe en 28 países africanos y, además, dentro de las comunidades de inmigrantes en Europa, Australia, Canadá y Estados Unidos.
Los organismos de las Naciones Unidas y numerosas ONG, que luchan por la abolición de estas prácticas contrarias a los derechos del ser humano, consideran inaceptables los argumentos que pretenden legitimarlas en nombre de tradiciones religiosas y culturales, y rechazan la excisión médica, pese a que entraña menos riegos de infección.
En este combate, cumplen un papel destacado mujeres africanas, como Khadidiatou Diallo, miembro, en Francia, de la agrupación de hombres y mujeres por la abolición de las mutilaciones sexuales femeninas (GMS) que forma parte del Comité Interafricano sobre las Prácticas Tradicionales que afectan a la Salud de las Mujeres y los Niños. Además de las campañas de opinión dirigidas a las familias y a los servicios de salud, se están estudiando reformas de la legislación encaminadas a prohibir y castigar la excisión. Los grupos más activos abogan también por la instauración de un derecho de asilo internacional en favor de las mujeres y niñas amenazadas de mutilación en sus países de origen.

Fuente.- http://portal.unesco.org

Sonia, una niña gambiana, nació en el hospital Josep Trueta, de Girona,. Cuando cumplía sus primeros tres meses de vida una hernia umbilical obligó a sus padres, una pareja de inmigrantes residentes en la zona, a llevarla hasta la consulta de cirugía pediátrica de ese centro médico.

La doctora Montserrat Ros todavía recuerda la naturalidad con la que el padre le pidió si podía practicar la ablación, mutilación genital, a la pequeña. En Gambia, su país, y en otros veintisiete Estados africanos es una costumbre cultural muy arraigada que se practica a las niñas antes de la pubertad.

La cirujana, de cincuenta años, que lleva más de una década dedicada a intervenir a hijos de inmigrantes africanos residentes en esa zona de Cataluña, respondió: 'No lo voy a hacer. Y si usted lo hace le voy a denunciar'. El padre no insistió.

La doctora Ros ha perdido la pista de Sonia, nombre supuesto. Cree que el inmigrante gambiano, que 'leyó el cartel de cirugía pediátrica y creyó que había encontrado el lugar adecuado', habrá logrado su propósito si la pequeña ha sido conducida 'de vacaciones' a su país.

Centenares de niñas africanas residentes en la zona catalana del Maresme, donde se concentra el mayor número de inmigrantes subsaharianos, Aragón, Palma de Mallorca y otras comunidades autónomas, han sido empujadas por sus padres a este terrible 'viaje de vacaciones' para someterlas a la escisión genital. Todas las que salen de España regresan mutiladas sin excepción, según coinciden los médicos y expertos consultados.

En los últimos siete años, los médicos han detectado al menos treinta y cinco casos, treinta de los cuales alimentan la sospecha de que la mutilación genital se llevó a cabo en España por personas que periódicamente acuden a las zonas donde residen estas comunidades de inmigrantes para ofrecerles sus servicios.

Las intervenciones tienen lugar en pisos, sin ninguna garantia sanitaria, y al amparo de la clandestinidad. Trece denuncias han sido archivadas, la última hace tres semanas en un juzgado de Palma de Mallorca.

Las madres subsaharianas, de países como Senegal (10.848 inmigrantes residentes), Gambia (8.524), Malí (2.281) y Mauritania (3.156), que pasan por los servicios de salud pública de las distintas comunidades españolas llegan con sus genitales mutilados y confiesan a los médicos que someterán a idéntico ritual a sus hijas, la mayoría nacidas en España, cuando regresen 'de vacaciones' a sus países de origen.

La amenaza de la doctora Ros al padre de Sonia no fue un farol. Desde 1993, año en que detectó los primeros casos de ablación en su consulta, esta médico y su equipo del hospital de Girona han presentado a los juzgados 'una docena' de partes médicos en los que se describen las mutilaciones genitales que han visto en inmigrantes subsaharianas. 'Nos llegaron tres niñas en un solo mes. Entonces decidimos denunciarlos. Hemos visto entre quince y veinte casos'. Ros sospecha que se hacen aquí.

Las fichas de consulta de Ana Cabot, cuarenta y nueve años, pediatra del hospital de Mataró, localidad de ciento cuatro mil habitantes, con una de las poblaciones más elevadas de inmigrantes subsaharianos, son una muestra fiel de la realidad de la ablación en esa parte de Cataluña.

De las veintinueve niñas africanas de más de dos años que examinó en los últimos años, ocho ya han sufrido distintas clases de mutilación genital. Es decir, un veintisiete por ciento. 'Me he encontrado con bebés de año y medio que ya tenían hecha la ablación', señala la médico. Cabot destaca que el cien por cien de sus madres la han sufrido.

Sólo se denunció uno de estos ocho casos. Lo hizo una ginecóloga. La niña, de siete años, entró en urgencias del hospital con una hemorragia y Cabot comprobó que la mutilación se había hecho hacía muy poco tiempo.

'Nos constaba que se había hecho aquí. La ablación era muy reciente. Una mujer gambiana se estableció en Mataró e intervino a varias niñas en su propia casa. Hubo un juicio y se exculpó a los padres porque no habían tenido intención de hacer daño. La autora huyó. Sirvió para que toda la comunidad se enterara de que era ilegal'.

Cabot asegura que ahora se llevan a las niñas a visitar a sus abuelos a sus países de origen y con 'mucha frecuencia' vuelven mutiladas. La doctora, que cuenta con prestigio y liderazgo entre la comunidad africana de Mataró, no se calla cuando la familia le anuncia el viaje. '¡Hagan el favor de no operar a la niña!, les advierto', dice.

El aviso de la pediatra sirve en ocasiones de poco. La experiencia de una líder gambiana residente en Premià de Mar (Barcelona), es una muestra de las dificultades para abordar esta práctica y conseguir su erradicación.

La doctora Cabot lo relata así: 'Era una mujer culta, hablaba inglés y contábamos con su ayuda para intentar introducir el tema en esa zona. Se fue a Gambia con su hija y volvió con la niña operada. La vi en urgencias. Su marido presionó muchísimo y ella no consiguió oponerse'.

Los médicos del hospital municipal de Olot (Girona), han sido testigos de casos similares en las exploraciones rutinarias del denominado control del niño sano.

Aunque con el agravante de que seis de las niñas detectadas fueron operadas en la zona por una persona no identificada que prestaba sus servicios en casas particulares. El testimonio de algunas madres a los médicos y las heridas recientes de las niñas abonaron la sospecha.

Roser Teixidor, pediatra de cuarenta y cuatro años, atendió en este centro a las niñas mutiladas. 'Vino una persona de Gambia, se instaló en Bañolas e intervino a bastantes niñas de la zona. Ahora, creemos que ya no se hace aquí. La mayoría de las que vemos han estado en su país de origen. Son poquísimas las que vuelven sin que les hayan hecho la ablación', augura esta doctora, que lleva más de once años atendiendo a inmigrantes. 'En este centro aconsejamos a las madres que no dejen operar a sus hijas', apostilla la médico.

Los casos de niñas sometidas a la mutilacion genital se están extendiendo a otras zonas de España en las que se asienta la emigración de Gambia, Senegal, Mauritania y Malí. En Zaragoza hay una arraigada comunidad de gambianos que habita sobre todo en el barrio de Las Delicias. En su centro de salud se han detectado al menos cinco casos de niñas de corta edad que han sufrido la ablación.

María Jesús Cabañas, pediatra del citado centro, ha visto tres casos. Uno especialmente grave porque sospecha que la mutilación se hizo en España. 'La niña, de cuatro años, nació aquí y estaba perfectamente. La sorpresa ha sido comprobar poco después que ya la habían mutilado. Fue muy impactante. Pregunté a la gerencia de atención primaria si tenía que hacer un parte de lesiones y me aconsejaron que era mejor no perseguir a la familia. Sospechamos que se hizo aquí'.

Cabañas señala que los padres mantienen un mutismo total. Los otros dos casos que ha descubierto esta médico aragonesa cree que se hicieron fuera de España. 'Este problema nos tiene en vilo y expectantes, aunque creo que la solución será generacional', reconoce.

Patricia Lozano, treinta y dos años, pediatra del hospital Clínico de Zaragoza, atendió hace menos de un año a una niña de tres años que ingresó con fiebre. 'Al desnudarle y ponerle una bolsa de orina observé que estaba mutilada. Pregunté a la madre y me dijo que se lo habían hecho en su país. Decía que llevaban poco tiempo aquí'.

Esther González, de veintiocho años, residente de familia, vio esta semana en el centro de salud Delicias-Sur a una niña mutilada de dos años.

En 1998, una persona próxima a un matrimonio de inmigrantes de Malí, residentes en Palma de Mallorca, informó a un abogado que la hija del matrimonio había sufrido la extirpación de parte del clítoris. El letrado puso el caso en manos de la fiscalía.

Hace tres semanas, el juez Juan Manuel Sobrino, titular del Juzgado número uno esa ciudad, ha archivado provisionalmente el caso porque, al parecer, la intervención se hizo fuera de España. Existía la sospecha de que una mujer africana practicaba ablaciones en el barrio de El Arenal.

Cosa de abuelas

Ladislao Roig, teniente fiscal de Baleares, describe así el proceso: 'La madre nos miraba al juez y a mí como si fuéramos bichos raros que invadíamos su intimidad. El padre decía que era cosa de las abuelas. En los pasaportes aparecía la salida de la madre y de la niña. Finalmente han presentado un certificado de un médico de Malí que asegura haber llevado a cabo la intervención. No hemos conseguido certificar la validez del papel, pero se ha decidido archivar por la falta de competencia del territorio español porque parece que los hechos se produjeron en aquel país'.

El juzgado encargó un estudio médico sobre la conveniencia de volver a operar a la niña. Todos los médicos consultados coincidieron en no intervenirla. 'Cada vez que se le sentaba en una camilla y se intentaba abrirle las piernas se ponía como loca', relata el fiscal.

Sí se decidió volver a intervenir a una de las niñas gambianas que pasaron en 1993 por la consulta de Montserrat Ros en el hospital Josep Trueta, de Girona, y que la cirujana pediátrica y su equipo denunció mediante un detallado parte médico. El caso fue también archivado al no acreditarse dónde se perpetró la mutilación.

Loreto Campuzano, titular del Juzgado número 4 de Girona, destaca que la niña, de tres años, corría riesgos graves en el caso de no abrir la costura. 'Aquello era más que una ablación del clítoris. Le habían dejado un pequeño orificio para orinar. Conseguimos que la menor recuperara su normalidad, que es lo importante'.

La doctora Ros, la que todavía recuerda al padre de Sonia pidiéndole que mutilara el clítoris de su hija, no oculta una actitud crítica hacia la postura de los jueces en este tema: 'Hemos presentado una docena de denuncias y nunca me han llamado a declarar. No he conocido el desenlace de ninguno de los casos que he visto, por lo que deduzco que se han archivado todos. Creo que los jueces no muestran excesivo interés ni sensibilidad, aunque en algún caso sí nos han hecho caso'.

El único del que tuvo noticias fue precisamente el de la niña gambiana a la que se le volvió a operar en su hospital por orden de la juez Campuzano. 'Una vez hecha la ablación, les vendan las piernas para que no sangren. Quedó la vulva pegada y no podía orinar', recuerda.

La cirujana especialista en pediatría cree que con las denuncias estas comunidades africanas 'han cogido miedo y tienen más cuidado' a la hora de practicar la ablación. De hecho, en los dos últimos años no ha vuelto a ver casos en su hospital. Pero Ros duda sobre la creencia general de que los que se ven en otras zonas se han llevado a cabo en rituales celebrados durante los viajes de 'vacaciones'. Éste es el argumento utilizado por los padres en los escasos casos que han llegado a los tribunales.

'Es imposible que hayan viajado niñas de dos y tres meses que me llegan a la consulta con una hernia y descubro que ya están infibuladas. No han tenido casi tiempo para ir a su país. Nos es fácil a los médicos caer en la creencia de esa cantinela que los padres se han aprendido muy bien. A veces es lo más cómodo para todos. Es alguien que está aquí y lo está haciendo aquí. Vienen a hacer el agosto. Hasta una persona me confesó que se lo habían hecho a su hija cerca de Olot'.

¿Qué se puede hacer para evitar que estos casos se repitan y proteger a las miles de niñas subsaharianas que residen en España? Hildegard Maussbach, ginecóloga de cuarenta y cinco años, lleva veinte años dedicada a visitar inmigrantes en el centro de Atención a la Mujer en Mataró. Ha examinado a más de ciento cincuenta mujeres africanas que han sufrido la ablación y asegura que todavía no está en la fase de concienciarlas.

'No lo viven como un problema. No nos lo nombran. Tienen recelo en acudir a los servicios médicos. Quiero que se sientan acogidas y no juzgadas. No defiendo la mutilacion genital. Es una violación de los Derechos Humanos, pero, como médico y a nivel de consulta, no lo veo como prioridad'.

Maussbach, muy respetada por la comunidad africana en el Maresme, destaca que si es difícil hablar de sexualidad con una mujer, mucho más lo es hacerlo con una africana y sobre ablación. 'Si les saco temas tabú que consideran de su intimidad ya no vuelven a la consulta. Sólo lo he hecho en casos excepcionales y con las que más conozco'.

La ginecóloga, que participa en un estudio sobre la salud reproductiva de las mujeres inmigrantes africanas, que dirige la antropóloga Adriana Kaplan, añade que la gran mayoría piensa que operarán a sus hijas.

Maussbach avanza un resultado de su investigación: muchas de las hijas de las inmigrantes que residen en España desaparecen de la consulta porque retornan a África a acompañar a sus abuelos. 'Todavía no sabemos por qué', reconoce la doctora.

La pediatra Ana Cabot destaca que el problema no se resolverá si se pone el foco exclusivamente en la ablación. 'Si se aborda como un hecho aislado vamos a fracasar. La solución sólo llegará a largo plazo y cuando conseguimos garantizar a estas mujeres una vida normal. Lo malo de hablar de este asunto es que se puede estigmatizar al colectivo subsahariano'.

La especialista es optimista y cree que en los hijos de la segunda generación de inmigrantes las mutilaciones caerán en picado.

Idéntica opinión tiene la doctora Teixidor, quien destaca que los valores culturales de las inmigrantes de la primera generación todavía son los de su país. Pero hace autocrítica: 'No hemos dedicado mucho tiempo ni énfasis. Hemos fallado en muchas cosas. Hay que buscar la fórmula, hay que poner en marcha programas, pero sin prisas y con el mayor respeto hacia esas comunidades', dice convencida.

Teixidor, pediatra en el hospital de Olot, reconoce que no denunciaron los primeros casos que vieron en ese centro 'porque nos cogió por sorpresa y porque es un tema cultural y hay que entender su postura. Ahora, cree que las denuncias de la doctora Ros en Girona fueron la postura 'más correcta porque han surtido efecto y vemos menos casos'.

Ros no oculta su crítica hacia la postura más comprensiva de algunos médicos. Y lo expone así: 'Estamos haciendo dejación al no poner el cascabel al gato. Los médicos no denuncian. Nadie se compromete para que no le llamen racista. En general, la clase médica es tolerante y no quiere saber nada sobre el tema. Casi nadie toma actitudes activas', reprocha.

El mito del retorno

Adriana Kaplan, cuarenta y cuatro años, antropóloga del centro de estudios demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona, tiene una visión distinta: 'Hay que sensibilizarles y educar a los médicos. Se debe plantear de la forma más respetuosa y prudente. Para ellos hay un mito de retorno y una necesidad de mantenerse fiel a su tradición. Hay gente sensibilizada con el tema y se han evitado casos. Además del clítoris, estas mujeres tienen otros muchos problemas y a nadie les importa'.

La ginecóloga Carme Coll, cincuenta años, que trabaja con Kaplan en un estudio sobre la salud reproductiva de las africanas, reconoce que gente que trabaja este problema en África está 'bloqueada. Me he pateado El Chad hablando con sus gentes y finalmente era yo quien acababa escuchando. Nosotros no podemos abordar este tema. Lo tienen que abordar ellas'. Coll, Kaplan y otras especialistas coinciden en que la mutilación genital femenina acabará cuando mejore la situación social, laboral y cultural de las mujeres africanas que residen en España.

Esta semana, una profesora de un centro educativo del Vallès Oriental (Granollers) denunció a un programa de Catalunya Ràdio 'la angustia' de una de sus alumnas, una niña africana de diez años cuyos padres le habían anunciado el viaje 'de vacaciones' a su país. La niña pidió ayuda a sus educadores. Dos de sus compañeras del mismo colegio habían sufrido la ablación en viajes anteriores. Un mediador cultural africano intenta resolver el caso con la familia. Nadie se atreve a pronosticar si lo conseguirá.

Responsables de salud: "Si hablamos de amputación, ninguna de ellas acude"

Fatou Ceka, gambiana, cuarenta y tres años, e Isabel Riesa, guineana, cincuenta y tres, trabajan para un programa de salud comunitaria de la Unidad de Enfermedades Tropicales e Importadas, dependiente del Instituto Catalán de la Salud.

Con su diploma de agentes de salud comunitaria, obtenido en Bruselas, y casi treinta años de residencia en Cataluña, ambas afrontaron en 1997 el reto de incluir la ablación entres sus objetivos. Su experiencia con las comunidades de inmigrantes africanas es pionera y única en España.

Las agentes de salud reciben al periodista en Barcelona y no ocultan que su programa en el terreno de la mutilación genital femenina está detenido. Frenado por las dificultades de abordar sin cometer equivocaciones un asunto tan difícil y espinoso.

Riesa arranca la conversación: 'De momento, estamos paradas. Si vamos directamente a hablar de la ablación, no viene nadie a la reunión y lo estropeamos todo'.

Ceka continúa: 'La situación jurídica y laboral de la mujer inmigrante tiene mucho que ver con este problema. Sin libertad ni autonomía es difícil encontrar una solución'.

Ceka y Riesa dan charlas sobre SIDA y salud a las inmigrantes africanas y sólo si éstas plantean el problema de la ablación dan el paso de explicar su postura contraria. 'Una de las barreras que nos encontramos es que es el tema es tabú y cuesta romper el hielo. Para ellas pertenece a su vida privada. Además, son muy difíciles de abordar', señala la primera.

Riesa añade: 'No vamos a erradicar, vamos a sensibilizar y que decidan ellas. No puedes decirles que no lo hagan. Es mejor plantearlo contándoles las consecuencias y siempre desde el aspecto de la salud. Explicarles los problemas psicológicos y físicos'.

En estos tres años de trabajo, ¿cuántas veces han hablado con ellas sobre la ablación? Ambas responden que sólo 'en casos muy puntuales' ha salido el tema a colación. Ambas son partidarias de denunciar sin criminalizar a los padres.

Marisa Ros, especialista de la unidad de enfermedades tropicales, es rotunda: 'La salud ocupa el último lugar en sus prioridades. Les preocupan los papeles, el trabajo, etcétera'.

Eva Cham, natural de Gambia y mediadora en Mataró, coincide en que es muy difícil hablar con esas comunidades. 'No quiero dramatizar. Esto sólo cambiará con el tiempo. Hay que hacerlo sin presiones'. Y da un ejemplo para mostrar la dimensión del problema: 'Hace poco, dos chicas africanas de veinte años que residen en esta zona fueron a visitar a su abuela. Pese a su edad, y para contentarla, se hicieron la ablación. ¿Qué le parece?'.

En Zaragoza, Mauricio Tajada, ginecólogo de treinta y seis años del Hospital Clínico, proyecta un programa para abordar el problema de los casos que están detectando en el barrio de Las Delicias. 'Me da igual que sea aquí o allí. El asunto es trabajar con tacto y sensibilidad para evitar que lo hagan'. Ha implicado a cuarenta matronas, pero las inmigrantes subsaharianas no asistieron a la primera reunión.


Cuatro tipos de mutilación genital

¿Qué es la mutilación genital femenina? La Organización Mundial de la Salud distingue cuatro tipos de operaciones de mutilación genital.

El tipo A consiste en la escisión de los tejidos circundantes al clítoris (capuchón del clítoris) con o sin extirpación de la totalidad o parte del mismo;

el B es la extirpación del clítoris junto con la totalidad o parte de los labios menores;

el tipo C recoge los casos en los que se extirpa la totalidad o parte del clítoris, labios mayores y menores y se cose o estrecha la abertura vaginal dejando un pequeño orificio para orinar y expulsar el flujo menstrual;

la D incluye todas las demás intervenciones en los genitales femeninos.

En España se han dado todos los casos, aunque la mayoría son del tipo A.

Se calcula que más de cien millones de mujeres y niñas la han sufrido. Otros dos millones corren el riesgo de padecerla cada año. El Comité Inter-Africano ha lanzado una campaña para erradicarla.

La legislación española no la prohibe explícitamente, al contrario que en el Reino Unido, pero se considera un delito de lesiones que el Código Penal castiga con penas de seis a doce años.

En Francia, veintisiete mujeres, madres y autoras de mutilaciones, han sido condenadas.

En 1993, el Parlamento catalán aprobó una proposición en la que instaba a la Generalitat a dar más información para evitar su proliferación.

La comisión mixta Congreso-Senado hizo una petición similar en 1998 al Gobierno central.

María José Montero, de la Federación de Planificación Familiar, reclama que la legislación española emule a la europea.

Fuente.- El País

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Si el Islam es una religión de paz y respeto por las creaturas que Alá creó. Porque no prohíbe la ablación?

certificado dijo...

La democracia no consiste sólo en la posibilidad de votar. Requiere también, entre otras cosas, el respeto a la dignidad de las personas, el aprecio y la garantía de la libertad, la separación entre el Estado y las confesiones religiosas, el respeto a las minorías y el control y limitación del poder. Todo eso es imposible, hoy por hoy, en un país islámico. Mi opinión es que no lo será nunca.
Europa debe establecer una legislación internacional más dura con sanciones de tipo económico para los países que incumplan los derechos humanos básicos, en los que ha de estar incluído la prohibición de la ablación.

resaca dijo...

No sabia que aquí es feia això.

M'agraden gairebé tots els teus posts.

M'agradaves, i ara crec que m'estic enamorant de tu i dels teus escrits.

certificado dijo...

Resaca.- Sí, por desgracia la ablación se sigue practicando en España, aunque más o menos a escondidas.
Referente a los posts.- Qué halago. No soy un escritor de profesión, y ello se nota en mis pots. Es una pasión que me ha inculcado cierto profesor que he tenido en la Universidad, cómo ya he escrito en alguno de mis posts.
Referente a lo del amor, es mejor que no lo tomes en serio, pues te haría mucho daño. Me place que te gusten mis escritos, pero del resto, creo que no va a poder ser. Un saludo.