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domingo, 24 de junio de 2007

Turismo como forma de vida

En los 80 comencé en el mundo del turismo, un mundo que desconocía por completo.

Con anterioridad, los pinitos en ese mundo se remontaban a alguna salida de fin de semana a algún punto no muy lejano de la geografía de mi tierra natal: Galicia.

A excepción de mi niñez en alguna playa a las que cada domingo nos llevaban mis padres, era un verdadero profano en la materia. Quizás eso no era lo habitual en la época y yo me sentía afortunado.

Al abandonar Galicia por motivos económicos y debido a la necesidad imperiosa de subsistencia y no de ocio, estuve trabajando tres años consecutivos sin fiestas semanales y por supuesto sin vacaciones en Andorra. Pero al fín logré 3 días seguidos de vacaciones. ¡Qué éxito!.

Debido a mi débil capacidad económica y mis pocos ahorros, la única forma de conocer una destinación era por oídos de mis conocidos. Estaba envidioso por conocer esa caótica ciudad (no olvidemos la Barcelona de los 80, que no se parecía en nada a la actual) y quizás a partir de ese momento creció en mí una inconmensurable atracción hacia ella.

Con el transcurso del tiempo y debido a mi afán de prosperar en conocimiento de lenguas y costumbres, invertí casi todo lo que pecuniariamente producía en la consecución de ver otras formas de pensar, de vivir y de viajar, que anteriormente me eran desconocidas.

Dando tumbos de una lado al otro de nuestro viejo continente y después de poder comprender un poco de este entramado tan complejo del llamado mundo del turismo, dediqué mis esfuerzos a poder desenmarañar todos los procesos que en él se interseccionan.

Ardo trabajo y sin lugar a dudas imposible el poder acceder a conocer ese entramado. Pasé y sigo estando en muchos procesos por los que ese mundo se mueve, y creo sin temor a equivocarme que se trata de un mundo fascinante, con sus pros y sus contras que hace del conocimiento su forma de actuar y de crecer.

Al principio me preguntaba como alguien estaba dispuesto a pagar algún tipo de dinero por pasar unos días en una costa masificada. Al estar en esos países sin sol y playa entendía que las personas tienen una necesidad vital de contactar con otros hábitats diferentes a los suyos.

Además las personas de una cultura y economía media-alta no son precisamente los que mas se "quejan" de que el chófer del autocar había que buscarlo en el bar mas cercano, o que la comida estaba un poco más fría que en el país de origen.

Hoy en día y debido a la tecnología y a los avances científicos es casi imposible pensar en lo que fue el comienzo de muchas destinaciones turísticas. Con el acceso al turismo fordista, llegaron también las quejas tanto de los residentes como de los foráneos.

Pero sin turismo, ¿que hubiese sido de los habitantes de la autárquica España franquista que veían a otro "dios" en la figura de una rubia sueca despampanante?, ¿qué hubiese sido de mucho del dinero de subsistencia de esos españolitos que aprendían inglés tres semanas antes de la llegada del verano para poder "ligar" con tan merecidas y "progres" turistas?.

Hoy no queremos darnos cuenta de lo que eso supuso en el cambio de mentalidad de nuestra gente, pero sin turismo hubiésemos llegado a la democracia (si es que hubiésemos llegado de la forma en que llegamos) como primates sin pulir.

Nuestra idiosincrasia nos hace un tanto diferentes del resto de europeos, pero gracias a esa diferencia y por culpa de nuestro dictatorial pasado hemos forjado una sociedad tolerante y avanzada.

Muchos problemas que ahora nos hacen llevar las manos a la cabeza no hubiesen sucedido sin la masificación turística, pero nosotros aún estaríamos saliendo de una vivencia surrealista como están últimamente saliendo los países de la órbita de la antigua Unión Soviética.

Está bien por supuesto mejorar y hacer de este país, que yo considero la "California europea" un paradigma de progreso en el mundo turístico, pero no nos olvidemos de nuestros comienzos vendiendo flamenco y toros en la Costa Brava o estampillas de la Macarena en Palma.

Ya que son pocas las cosas que de verdad nos unen a los habitantes de este Estado, y una de ellas es el turismo, no dilapidemos los conocimientos, avance y prosperidad económica que esta fuente de riqueza nos proporciona.

Tan turista es la familia que va a Benidorm de vacaciones como el "progre" que se va al Machupichu a intentar comprender (cosa para él harto difícil) la cultura del país. Ambos son turistas y ambos están interesados en pasar unos días agradables y olvidarse de la rutina con la que conviven el resto de días.

Unamos las fuerzas para mejorar y ser punteros en esta rama y no dejemos pasar el tren. Creo que estamos muy adelantados en este aspecto y debemos aprovecharlo para buscar la cultura de la unión y no de la confrontación.

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