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lunes, 2 de abril de 2007

Política con justicia


Si el origen y la meta de la política está en la justicia, ésta es de naturaleza ética. Se sitúa así en el centro la acción responsable de la persona, cuya apertura a la pregunta «qué es la justicia», cuáles son sus exigencias aquí y ahora, no puede excluirse del ámbito de la acción política sin herirla en su núcleo mismo.

En efecto, considerar la justicia sólo en el horizonte del pensamiento teórico, externo a la realidad de la acción política concreta, que se reduciría en realidad a simple técnica para determinar el ordenamiento jurídico y, al final, a una forma de regular las luchas por el poder, ocultaría la responsabilidad de la conciencia personal y limitaría así profundamente la dignidad propia de la actividad política.
Llevada al extremo, la separación entre la política y la justicia, conduciría a la corrupción de la primera: el Estado llegaría a convertirse en una banda de ladrones.

En realidad, la esfera de la política pertenece a la de la razón auto responsable, a la de la razón práctica, llamada a percibir las exigencias de una justa estructura de la sociedad en las diferentes situaciones y problemas. Se trata de una tarea fundamental del hombre en el mundo, que ha de «afrontar de nuevo cada generación» como un desafío de naturaleza moral, que nunca consiste sólo en el mero respeto de reglas de juego ya establecidas. Ahora bien, la asunción de esta responsabilidad no puede darse por descontado; porque, al contrario, la función de la razón práctica corre siempre el peligro de ser cegada por «la preponderancia del interés y del poder que la deslumbran», de modo que no llegue a percibir o no quiera respetar las exigencias de la justicia en las situaciones concretas.

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