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martes, 20 de marzo de 2007

¡Bilingüismo YA!


El concepto de lengua propia, súper legitimador ideológico de la política lingüístico-educativa vigente, no posee, desde el punto de vista de un análisis teórico mínimamente riguroso, ningún fundamento racional.

Si se quiere justificar una política lingüística que vulnera los derechos de la mitad de la población del territorio, debe hallarse una justificación más sofisticada que el recurso al extraño concepto de “llengua propia”, que además resulta incompatible con los principios de la mínima moralidad liberal.

Su certera traducción como la lengua de los propietarios del territorio se une a su uso como selector social. Las diferencias sociales son subrayadas por la lengua, que se constituye en una barrera cultural para la participación de la clase obrera en la vida pública, que queda reservada a los que hablan catalán. Si en la época de la gran emigración de los años 1960 se acuñó la consigna: “catalán es el que vive y trabaja en Cataluña”, una curiosa fórmula que deriva de la situación laboral, la ciudadanía plena, las altas tasas de paro y precariedad laboral actuales la han invalidado, pues ¿qué pasa con el que reside pero no encuentra trabajo en Cataluña? Quizás para sortear este escollo, y también para reservar ciertos puestos de trabajo para las clases medias autóctonas, parece querer imponerse la siguiente máxima: “catalán es el que habla catalán”.

¿Cuánto tiempo podrá ser silenciado el carácter irracional y reaccionario del concepto de “llengua pròpia”, único legitimador de la política lingüística en vigor?

Ahora, con una enseñanza exclusivamente en catalán, no sirven las excusas del franquismo y quien no lo habla es porque no le da la gana.

El problema que queda por resolver es plantear un modelo lingüístico democrático que salvaguarde los derechos de todos los ciudadanos de Cataluña en un plano de igualdad. Quizás la clave nos la proporcionen las declaraciones de la ONU y de la UNESCO sobre el derecho a recibir la enseñanza en la lengua materna y a emplearla normalmente sin “preferencias” en todas las relaciones publicas y privadas, allí donde existe una minoría lingüística demográficamente significativa.

El sistema escolar vigente en Cataluña viola el derecho de elección de la enseñanza en la lengua materna del niño.

La inmersión, desde el punto de vista psicológico y pedagógico, resulta perjudicial para los niños castellano-parlantes.
La finalidad de la inmersión es la asimilación cultural.
Los fundamentos ideológicos de la Normalización Lingüística: el concepto de "llengua propia", que se apoya en unos supuestos “derechos colectivos” del pueblo catalán son inaceptables según el principio liberal de prioridad moral de los individuos y el de igualdad.

Quizás la experiencia de la política lingüística de la II República española, que quería asegurar una especie de bilingüismo simétrico, cuando el 80% de la población del Principado hablaba catalán, nos pueda proporcionar valiosas indicaciones para construir este modelo.

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